No tienes que resolver todo el día

Una pausa para mirar cómo estás puede ser solo un momento de darte cuenta. No tiene que convertirse en una gran entrada de diario ni en un hábito que debas mantener. Empieza con una frase, si eso basta.

¿Qué estoy sintiendo ahora mismo?

Prueba una descripción sencilla: cansado, inquieto, decepcionado, aliviado. Puedes sentir más de una cosa. Si es difícil nombrar el sentimiento, describe una sensación física.

¿Qué parece haber provocado esto?

Busca una situación, no un veredicto sobre ti u otra persona. «Me sentí inquieto después de nuestra conversación» deja más espacio para explorar que «Siempre lo estropeo todo».

¿Qué ayudaría un poco?

La respuesta puede ser descanso, agua, un paseo, una conversación o un poco de espacio. Elige una respuesta lo bastante pequeña para que sea realista. Puedes volver a una pregunta mayor cuando tengas más capacidad.

Déjalo sin terminar

Puedes terminar una reflexión sin una conclusión. Notar algo hoy puede hacer más fácil entenderlo mañana. Si el malestar persiste o afecta tu vida diaria, considera hablar con un profesional cualificado.

Volver a todas las historias